11.10.11


Se escucharon los tacones detrás de la puerta, esas pisadas firmes y seguras de si misma.

Giró el pomo y la puerta se abrió despacio, tardó una eternidad. Detrás de la puerta como escondida apareció su cara, unos ojos llenos de vida que hablaban por si solos.



Nos saludamos con dos besos, por fin pude sentir su piel, oler su perfume, sentir su presencia, después de tanto tiempo aquello se hizo realidad. Desde el primer momento la charla fue fluida, amena, como si nos conociéramos de toda la vida. No había tensión en el ambiente. No servimos una copa y seguimos charlando.

Sus pies calzados por sandalias de tacón, piernas esbeltas y bien torneadas, cuerpo con las curvas necesarias en su sitio, manos estilizadas, maquillada lo justo para resaltar sus facciones y ese pelo azabache. El conjunto era el de una mujer muy atractiva y atrayente.

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